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Pequeños tesoros. Roberto Alonso

Pequeños tesoros, aparentemente insignificantes, que uno guarda junto a aquello, apriori más útil, importante o trascendente, en ese mismo espacio que ocupan diplomas, titulos universitarios y académicos, esos rincones casi siempre oscuros, pero paradójicamente llenos de luz, vida y recuerdos.
Allí está ese pequeño tesoro, que para todos, salvo para mí, es un papel casi ininteligible y que conforme pasa el tiempo y avanza la tecnología, más importancia le doy; no me importa el color, ni su tamaño, ni siquiera su textura, tal vez fuese lo único que encontré en casa, para hacerlo en ese momento; ni siquiera le puedo poner fecha exacta, pero casi seguro que fué otoño de 1996, sumando 16 años, en plena adolescencia; tampoco me importa su escala ni su perspectiva gráfica, algo ridículo a ojos de un arquitecto o ingeniero.
Sólo me importa su significado, su recorrido y sobretodo la manera en la que me transporta a aquellos maravillosos momentos, a aquellos años, a aquellas carreras.
Pues sí, es sólo un trozo de papel, concretamente una cartulina en la que dibujé, a ojo, sin escala y de forma rudimentaria, un plano de los caminos y pistas de mi pueblo, Peraleda de la Mata; casi todos los caminos, al menos los que recorría (que eran casi todos), con sus respectivos cruces. Esto fué la primera mitad del trabajo, la otra mitad, obviamente era medir la distancia de esos caminos, de cruce a cruce o tramos concretos que me interesaban (hasta ese poste, esa casa o ese árbol).
¿Cómo? Obviamente con mi bicicleta, mi cuentakilómetros calibrado, lápiz, papel y paciencia; recuerdo que no fué asunto sencillo de un sólo día.
Qué lejos quedaban entonces los relojes con GPS, Strava, Wikiloc o Google Maps...
Apasionado a correr desde algunos años antes; con 15 ó 16 años, uno ya se atrevía a ir un poco más lejos que los caminos más cercanos y habituales (Los Motores, el Corchuelo o los Álamos Blancos los tenía ya "trillados") y quería meterme por aquel camino que te llevaba un poco más allá, desafiando al tiempo, a la distancia, a aquel perro que ladraba por allí o a aquel coche desconocido que circulaba por allá...estabas como mucho a 7-8 km de casa, pero solo, SI, solo... porque antes correr por ciertos sitios, en la periferia de los pueblos, era estar solo (y sin móvil...), era muy difícil encontrar otras personas: corredores, ciclistas y apenas había casas de campo, si lo comparamos todo con la actualidad... corrías intuyendo el ritmo, por sensaciones y sabías si hoy si u hoy no, sin saber pulsaciones, kms o ritmos exactos; sólo sabías el tiempo que marcaba aquel mítico e indestructible Casio F-91.
Pues bien, para hacer entrenos con distancias, ritmos precisos o aproximados tenía que correr en el campo de fútbol o en la carretera siguiendo los hitos kilométricos; algunas veces estaba bien, pero era tedioso o incluso peligroso en el segundo caso.
Por eso decido hacer ese plano, que creedme, me dió mas juego en esos tiempos que hoy una PlayStation 5 con más de 1000 simuladores...
Con esto ya podía planificar mi entreno, ir a ese lugar "más allá" y sabiendo el recorrido con los kms totales a priori y a posteriori. Correr no sé si corría mucho, pero en cálculo mental creedme que era un crack: sumando, restando, calculando medias, ritmos por km...imaginaos sumar metros de cruce a cruce, incluso en carrera; contracturas musculares igual no, pero el córtex cerebral echaba humo jiji... toda esta parafernalia también era parte de la intrahistoria de este apasionante juego que formaba parte de mi ocio y de mi vida...CORRER.
Hoy cuando salgo a correr, muchos años después, aún recuerdo la distancia de muchos de esos caminos, de un cruce a otro; en algunas zonas ha habido modificaciones estructurales, sobretodo tramos de asfalto cercanos al pueblo, pero el grueso del plano se mantiene casi intacto.
Lo usé mucho, casi lo tenía plasmado en mi memoria fotográfica, pero con el tiempo lo dejé aparcado, eso sí, siempre a buen recaudo: me fuí a la Universidad, posteriormente aparecieron los relojes con GPS y pulsómetro, Strava, Wikiloc y otras apps para los Smartphones...pero ese pequeño gran tesoro siempre estará ahí, concretamente en el tubo donde también guardo el título de entrenador nacional de atletismo, porque ambos están íntimamente ligados.
Cuando acudo a ese rincón a buscar cualquier cosa, no dudo nunca en desplegar esa cartulina que a modo de impacto visual me llena de recuerdos, anécdotas, vivencias y me retrotrae a aquellos maravillosos años de carreras, lugares y personas.
Podría seguir escribiendo, pero me están invadiendo la nostalgia, el recuerdo y casi las lágrimas.

Pequeños grandes tesoros...




Salud y kilómetros...

Agradecido siempre a: Víctor Luengo.

Roberto Alonso

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